Informacion para Radios Comunitarias

Algo sobre la devoción de la Virgen de la Merced en Tucumán

Es sabido que los conquistadores españoles hicieron su entrada al país por el norte y con ellos llegó también el cristianismo y la devoción mariana: tanto Almagro, que plantó la primera cruz, como Juan del Prado que fundó en el Tucumán el primer pueblo de cristianos iniciaron la historia del país enraizada en la fe católica.

El papa Alejandro VI al recibir la gran noticia de los reyes católicos Fernando e Isabel, del descubrimiento de las nuevas tierras hechas por el navegante Colón, les contestó diciendo… “Os mandamos… destinéis a las tierras e islas susodichas, varones probos y temerosos de Dios… para adoctrinar a los dichos indígenas y moradores en la fe católica”.

Es así como, a partir del segundo viaje del Almirante, el 26 de septiembre de 1543 y también en los sucesivos vinieron desde la madre patria religiosos franciscanos, benedictinos, mercedarios y clérigos regulares. Dícese a este respecto que el mercedario Fray Juan de Solórzano viajaba como capellán del mismo Colón y según el padre Infante, cronista de la orden, la reina Isabel regaló a los mercedarios que acompañaban al genial descubridor, una imagen de Nuestra Señora de las Mercedes.

La tarea de estos imponderables misioneros de estas nuevas tierras consistía en reunir a los indios dispersos en lo que se llamaba “doctrina” e impartirles las primeras nociones de la doctrina cristiana, cuyo resumen lo encontramos más tarde en el conocido catecismo de Astete. Estas reuniones doctrinales dieron con el tiempo origen a la formación de nuevos poblados, ciudades, parroquias y también obispados, constituidos en cristiandades que erigieron sus templos, capillas y altares en donde colocaban las imágenes del Crucificado, de la Virgen y los santos. Los mercedarios que instalaron su primer convento en el Cuzco, llegaron por esta vía al antiguo Tucumán” casi con la fundación de la primitiva Ibatín.

Sostiene Gazulla que los mercedarios tenían además otro aliciente que les daba valor y consuelo en sus arriesgadas empresas apostólicas por América: la devoción y amor a su madre la Virgen María , bajo el título de la Merced. Llevaban su imagen siempre consigo, la colocaban junto a la cruz en el altar donde decían la misa, hablaban y explicaban a los indios quién era; los indios se enamoraban de ella y por ella llegaban a conocer a su Hijo Jesús y se hacían cristianos. Nada raro que visitasen con preferencia las iglesias de Merced y así lo aseguraban quienes hace 400 años lo vieron. Este testigo, dice Gazulla, es el Capitán López Sánchez quien habla y “que siempre ha visto celebrar los divinos oficios que en la dicha Orden se han hecho o se hacen en las casas e iglesias de ella con gran devoción y solamente basta ser advocación de la Virgen Santa María Nuestra Señora para que los españoles y naturales frecuenten la dicha casa e la visiten e adoren e han ocurrido e ocurren a ella mucha gente con sus devociones e limosnas…”.

El establecimiento, como antes dijimos, de la orden mercedaria en Ibatín data de los primeros años de su fundación (1565); según el P. Larrouy se establecieron antes de 1588. La sagrada imagen mercedaria, la misma que hoy se venera en su santuario de Tucumán, velaba aquellos azarosos años de la primitiva ciudad: es por ello que, cuando se trata de la traslación de la ciudad al actual emplazamiento de la Toma , el operativo se realiza un 24 de septiembre, día de Ntra. Sra. de la Merced. Ella , su sagrada imagen, preside la gigantesca empresa de movilizar al vecindario que hacía 120 años moraba en las laderas del Aconquija, sobre el río Monteros; en esa oportunidad se arrancó de la plaza el árbol de la Justicia , se lo metió en un carretón como también la caja que contenía el archivo de los papeles, cerrada con tres llaves y liada con un tiento de cuero fresco y también el cepo de la cárcel.

A escasos años del traslado de la ciudad, el 30 de septiembre de 1687, es declarada Abogada de la cuidad de S. Miguel de Tucumán por los muchos favores dispensados en un Cabildo expresamente reunido para ello. Este patronazgo jurado por el Ayuntamiento y el Cabildo obligaba a celebrar su festividad y novenario juntamente con los vecinos de la ciudad. El Cura y Vicario y Juez eclesiástico de aquel entonces Lic. Mateo Núñez de Ávila confirmó y aprobó dicha resolución. (D. Col. Vol. 1). Esta gesta del Cabildo revela algo más que un sentimiento de piedad hacia tan excelsa Señora, hay un reconocimiento a los favores recibidos en la etapa de la vida ciudadana que concluía y la confianza que depositaba en la nueva que iniciaba.

Los tucumanos no dejaron de honrar y recurrir a su Patrona en la nueva peregrinación. Su fiesta era motivo de profunda renovación y cariñosa consagración. De esta manera el culto a María de la Merced se concretó en la Cofradía que lleva su nombre.

Así en la primera mitad del siglo XVII era ya popular la veneración a la sagrada imagen de la Merced y era tan acendrada y general la devoción a nuestra Señora que fue necesario erigir canónicamente en el 1774 la Cofradía de la Virgen de la Merced. Todo ello ocurre a escasos 50 años de la refundición de la ciudad ibatense.

Desde el a ño 1774 al 1787 cobró mayor auge aún el culto a Ntra. Sra. de las Mercedes: en efecto, en este ultimo año el obispo de Córdoba del Tucumán, Fray José Antonio de San Alberto, aprobó las nuevas constituciones de la Cofradía. Así leemos en el encabezamiento del libro: “Libro de asientos de nuestra Hermanos Cofrades Españoles de Ntra. Madre y Señora de la Merced Fcho por el P. Fra. Phelipe Reto, por mandato de su Ilma. el Sr. Dr. Dn. Fr. José Antonio de Sn. Alberto. Dignísimo Obispo de este Obispado de Cordova del Tucumán. En el año 1787″.

La labor de los hermanos cofrades, seg ún sus cánones, se orienta a promover y difundir el culto de nuestra Señora, En el correr de las páginas de este precioso libro podemos advertir la tarea y la preocupación de la Cofradía por mejorar la celebración de la fiesta que consistía en un novenario con predicación, misa y procesión en el día de la festividad, es decir el 24 de septiembre. Allí se encuentra en el acta del año 1787 la disposición de adquirir una imagen grande cuyo cuidado y custodia estaría a cargo de la confraternidad, entregándose en guarda a Da. Josefa Tejerina, esposa de Dn. Manuel Carranza.

La imagen “chica” es la que hoy se venera p úblicamente en su templo de la Victoria y que data a fecha remotísima; en cambio la “grande”, como dijimos anteriormente, fue adquirida en fecha más reciente. Refiriéndose a la primitiva imagen, dice el P. Tula, basta examinar un minuto su hechura netamente colonial y española, para quedar convencidos de que es la misma imagen fundadora del convento mercedario de S. Miguel. De tamaño más bien pequeño (0,53 x 0,30 ) como se acostumbraba entonces para facilitar su traslación a estas tierras lejanas; el busto y la cabeza sostenidos en simple armazón de madera para ser reemplazado con la misma facilidad en caso de avería; las pinturas empleadas en el adorno del rostro, todo, en fin, arguye en favor de su antigüedad. Las crónicas que hemos podido recoger y compulsar, concluye d autor, no insinúan ni una sola vez el supuesto de que haya sido cambiada en tiempo alguno. De donde sacamos, en consecuencia, que la imagen que poseemos hoy es la misma de antaño, que fue trasladada a la segunda ciudad de San Miguel, después de la refundación hecha sobre el Salí en tiempo del gobernador Fernando Mendoza Mate de Luna por los años 1685.

Hubo siempre hacia esta imagen y su advocaci ón una piedad verdaderamente popular tanto en 1as horas tranquilas como turbulentas: cuando en 1807 el pueblo tucumano tuvo noticias de las invasiones inglesas de inmediato se congregó en la capilla colonial de Ntra. Sra. de las Mercedes para implorar por la patria amenazada.

Pero es a partir del a ño 1812 cuando el culto a nuestra Señora adquiere una solemnidad particular asumido por el pueblo, las autoridades y los jefes patrios, quienes rompiendo con los vínculos políticos de la madre patria, no rompen con la tradición mariana. Ayer, era el Cabildo y el Ayuntamiento el que proclamaba a María de las Mercedes Abogada y Protectora, hoy es el General Belgrano quien la nombra Patrona y Generala. En efecto, es conocida la hora aciaga que vivían las Provincias Unidas del Río de la Plata para consolidar su independencia política. La batalla de Tucumán debía decidir la suerte de las armas patriotas. El cristiano General Belgrano en inferioridad numérica de hombres y armas puso toda su confianza en quien eligió como Patrona de su ejército. Antes de entrar en acción repartió entre las tropas centenares de escapularios de la Virgen de la Merced , en cuya fiesta se libraba la batalla. “ La Patria puede gloriarse, reconoce en el parte del día siguiente, al Gobierno de Buenos Aires, de la completa victoria que han obtenido sus armas el 24 del corriente, día de nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección nos pusimos”.

Luego, el 27 de octubre, cumpli ó solemnemente su voto entregando su bastón de mando proclamando a la Virgen de la Merced Generala del Ejército del Norte.

Esta ceremonia fue tan emotiva como no hubo otra, recuerda el General Paz, en sus memorias: “… E n treg ó su bastón de mando a la Virgen de las Mercedes, proclamándola Generala del Ejército del Norte, en el mismo campo de batalla, aún enrojecido por la sangre de sus valerosos soldados y en la procesión dispuesta por el mismo General. Gran expectativa, se detuvo la procesión, reinó el silencio más absoluto, se produce el hecho histórico, hay lágrimas de emoción, aprobación general, aplauso y parabienes indescriptibles, Belgrano con su fe, expresa ante el pueblo y las tropas el reconocimiento a la Virgen de la Merced , ella es la Generala , a ella se debe la Victoria ”

 

Esta fecha, dec íamos, marca un nuevo hito en la devoción a Nuestra Señora: los cabildos y la autoridad eclesiástica se encargan de promover el culto mariano a partir de este hecho tan palpable de la protección de María a los habitantes de este suelo.

L a actitud de Belgrano no es un simple acto de sentimiento circunstancial, sino un verdadero amor y reconocimiento sincero: así lo demuestran y prueban actos sucesivos, como el Bando del 13 de octubre de 1812 en donde respondiendo al gobierno central ordena se distinga a los f íeles, constantes y valerosos dignos hijos del Tucumán declarándolos que el círculo de su territorio será señalado en la historia de América con los blasones de la heroicidad… y ordena y manda haya tres d ías de iluminación y regocijo público en demostración de nuestra gratitud, siguiendo a esto la novena que se ha de celebrar a nuestra Madre de las Mercedes… a la que deberá asistir todo el pueblo, igualmente que a la procesión que con toda celeridad se ejecutará por conclusión en Acción de Gracias al beneficio recibido por intercesión de la divina Madre, con el objeto que nos continúe sus auxilios para que la Patria logre liberarse de los enemigos…

Un año más tarde, el 20 de agosto de 1813, un Cabildo abierto, formado por eclesiásticos y civiles, se reúne para solicitar que se elija por Vice-Patrona de la ciudad a Nuestra Señora; recuérdese que Patrona principal era nuestra Señora, pero bajo el título de la Encarnación desde 1565, de la Iglesia Matriz.

Un mes más tarde, el 4 de septiembre de 1813, el Vicario Zavala declara de precepto “para la ciudad y su jurisdicción” el 24 de septiembre en homenaje a la Virgen de la Merced ; y el 7 del mismo mes y año la autoridad civil confirma y dispone lo relativo a su solemnidad y esplendor.

De esta manera va creciendo el culto p úblico hacia la Madre que protegía a los hijos y velaba por la patria naciente. Pero no termina allí el compromiso de las autoridades y responsables de la hora: en el acuerdo del 8 de mayo de 1815 se resuelve que dicha festividad se cuente entre las funciones de asistencia del Ayuntamien to.

Esta trayectoria devocional no se interrumpe con el andar de los a ños, antes bien sigue afirmándose en el ejército, el cabildo y el pueblo, como lo atestiguan el orden del día del ejército del 23 de septiembre de 1817 y el acuerdo del cabildo de 1845; en el primero se ordena que concurran al p órtico de la Merced todos los músi cos de los regimientos… que se har á una salva de 20 cañonazos en el campo de la Victoria.. .que acompañarán a la iglesia al Excmo. Sr. General… que al Te Deum se har á otra salva… que la misa se dirá a las tropas de la ciudadela y que luego el capellán practicará sobre el favor que merecieron en igual día de 1812 por interposici ón de “nuestra Generala” María Santísima de Mercedes y los excitará a la devoción y respeto debido para que con su favor y mediaci ón alcancemos nuestra independencia; lo mismo se hará por los capellanes de los cuerpos acuartelados en la ciudad… Una compañía de Granaderos…al frente de la Merced formará para ir a la retaguardia de la procesión.

El Patronazgo y Generalato de Nuestra Se ñora fue siempre motivo de culto, puesto que se enraíza en la maternidad de María: justamente porque es madre, protege y ayuda a sus hijos, comparte con ellos, con sus tropas y estrategos sus luchas y avatares; les concede la victoria y la paz, les señala el camino de la grandeza de la Patria. En las gestas de la emancipación y en la lucha contra los enemigos es madre y es generala. Su protección y su asistencia es respuesta a la fe y a la piedad sincera de sus hijos. El primer prócer que la invoca y la llama Generala es precisamente su devoto General Manuel Belgrano y le sigue en este ejemplo el más grande de los generales D. José de San Martín.

DAVID DIP

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septiembre 14, 2007 - Publicado por | (Material para compartir)

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